Varney el Vampiro o el Psicolabis Sanguinolento - Traducido al Español




Varney el Vampiro o el Piscolabis Sanguinolento              
 


Escrita por:
 -James Malcolm Rymer-
Traducida del Inglés por:
Luis Andrés Ochoa



Comentarios Iniciales del Traductor

            Es poco el espacio para comentar todo lo que me gustaría en esta sección, así que intentaré resumirlo lo mejor que pueda.
                ¿Por qué surgió la idea de realizar una traducción a un único capítulo de una novela escrita en 1845 en Londres, Inglaterra?
                Para responder a esa pregunta habrá que remontarse al año 2009 o 2010, cuando aún vivía en la ciudad de México, D.F.
                Fue en uno de los incalculables viajes por el metro, y de manera totalmente fortuita, que compré un pequeño librillo de historias de terror que un hombre joven vendía de vagón en vagón, a modo de distractor del largo viaje que me aguardaba. El librillo en sí, era un pequeño compendio de historias cortas de horror, mexicanas y algunas extranjeras de muy bajo presupuesto editorial.
                No hay mucho más que acotar al momento. Ni bien hube leído el pequeño cuento de Varney el Vampiro, quedé cautivado de inmediato, al grado que esa pequeña historia, contada en no más de tres páginas o cuatro, revoloteó en mi mente con un febril encanto el resto de mi jornada.
                Sin poder haber sido de otra manera, al regresar a casa, lo primero que hice fue buscar en internet sobre esta historia que tanto me había gustado. ¿Quién era Malcolm Rymer?, ¿de dónde había salido esa historia?, ¿había más escritos sobre este vampiro?
                Poco a poco las respuestas se me fueron aclarando, y no solo eso, sino que logré dar con las tres traducciones al español, que cuando menos en México se habían realizado. Una, que era la que tenía en aquel librillo, que no era más que un resumen de una de las dos traducciones principales (si mal no recuerdo, era el resumen de la segunda traducción realizada a esta historia, bastante corta y simplona), y luego la primera traducción, echa por la editorial Azulejo, mucho más extensa, pero completamente carente de la hermosura, detalles y matices que la narrativa del texto original en Inglés, presentaba.
                ¡¿Cómo era posible que no existiera una traducción a la altura del dramatismo que el texto original presentaba?! ¡Imperdonable!, pensé. Y a partir de ahí, llegué hasta aquí. Me hice con el texto original subido por la biblioteca de la Universidad de Virginia, y comencé con la tarea, intentando en todo momento, capturar la esencia narrativa original de la historia. Bajo esa línea, la traducción que realicé intenta respetar todo punto y coma del original; igualmente en la traducción de las palabras y la estructura de las oraciones en general.
                Los cambios, pocos, pero imposibles de no realizar a la hora de traducir de un idioma al otro, son expresamente gramaticales, es decir, los necesarios para que la lectura del texto en español sea entendible, legible y agradable. 
¿Y por qué traducir solo el capítulo primero?, se preguntarán.
                Como explicaré más adelante, en un apartado después del texto que propiamente dicho, Varney fue una historia de cuentos cortos que se vendían por un penique en Inglaterra, capítulo a capítulo. La continuidad en los mismos con capítulos anteriores o posteriores, e incluso la misma calidad narrativa, son erráticas e inestables. Sin duda alguna, el capítulo primero de esta novela de horror es el que enmarca y atrapa la excelencia narrativa, logrando sumergir al lector en una experiencia de verdadero horror y desesperación. 

Índice

Comentarios Iniciales
Capítulo I
Comentarios Finales

Capítulo I
Así como las tumbas están encima de los muertos, que el aire de la noche aumente en horrendos gritos”
-Medianoche: La Tormenta de Granizo-
El Vampiro: Terrible Visitante.


                Los tonos solemnes de una vieja catedral han anunciado la media noche. El aire es denso y pesado, cual extraño como la muerte penetrando en la naturaleza con quietud y calma, igual que una catástrofe serena que procede de la majestuosidad de los elementos y juntan fuerzas para su gran alarde.
                A lo lejos, los truenos repican. Los céfiros lo interpretan como una señal para comenzar la guerra y despertar de su letargo, como un huracán horrible que se encarniza con una ciudad, devastando, en los cuatro o cinco minutos que duró, más de lo que haría en un siglo de embestidas habituales, semejante a un gigante soplando sobre una urbe de juguete y dispersando con su aliento, cual ráfaga fabulosa, los edificios. Pero con la misma rapidez con que la borrasca de viento llegó, cesó, dejando todo tan quieto y calmo como antes.
 Los que dormían, despertaron pensando que aquello fue producto de la quimera de sus sueños. Un escalofrío bastó para conciliar la soñolencia otra vez.
                Ahora todo es como estar en la tumba, ni un sonido rompe con la magia del reposo.
                ¿Qué es eso, una asonancia extraña, como si un millón de hadas golpetearan con sus pies? Es el granizo, ¡sí, una granizada ha reventado sobre la ciudad!
 Las hojas son trozadas de los árboles junto con pequeñas ramas. Las ventanas que se contraponen a la furia de las partículas de hielo se rompen, y el reposo impoluto que se imponía en su propia intensidad es cambiado por un ruido, que, en su ímpetu, ahoga cada grito de sorpresa o consternación que cualquier persona, aquí o allí, expresaban al encontrar sus casas violentadas por la tormenta.
                De vez en cuando, una vez más, soplaba un vendaval poderoso por el costado lateral sosteniendo, durante un momento, millones de granizos que quedaban suspendidos en el aire, para luego caer con fuerzas redobladas en renovadas direcciones, donde harían más daño.
                ¡Oh, como rugió esa tormenta!, granizo, lluvia y viento. Era, con toda verdad, una noche horrible.
                En una casa anticuada hay un cuarto arcaico. Curiosas y extrañas esculturas adornan las paredes, siendo la alargada chimenea una rareza en sí misma. El techo es bajo, y un gran ventanal, que se explaya del techo al suelo, mira hacia el oeste. Una reja protege la ventana, la cual está compuesta de un cristal curiosamente pintado con ricas piezas de colores adornándole, mismas que emiten una luz hermosa cuando el sol, o la luna, dan de lleno en el aposento.
 Sólo hay un retrato en aquella habitación pese a que las paredes parecen estar atersonadas con el único objetivo de enzarzarse con cuadros. Es de un hombre joven, de rostro pálido y frente majestuosa, con una extraña expresión en su mirada que no era grata observar dos veces.
                En la estancia, hay una cama fastuosa de nogal tallada con ricos diseños de difícil ejecución; una obra de arte que se debe gracias al período isabelino.
                Pende de ella equipamiento de seda y damasco pesado, plumas cubiertas de polvo sobresalen de las esquinas dando un aspecto sombrío a la alcoba. El piso es de roble finamente pulido. 
                ¡Dios, como fustiga el granizo al ventanal exterior! El sonido es idéntico al de mosquetes siendo disparados, resonando, golpeando e intentando causar pequeñas cuarteaduras en el vidrio; pero éste se opone, los pequeños paneles que lo componen le salvan. El viento, el granizo y la lluvia gastan su cólera en vano. 
 La cama, ubicada en el vetusto cuarto está ocupada. Una criatura conformada con todas las formas de belleza juntas se encuentra en medio de su sueño en aquel lecho añejo. Era una muchacha joven y fresca como una mañana de primavera.
 Sus largas hebras se escapan del confinamiento deslizándose como arroyos que fluyen por el revestimiento de la cama, oscureciéndolo. Tiene un sueño agitado, la ropa de dormir, revuelta, lo demuestra. Uno de sus brazos descansa sobre su cabeza, el otro, cuelga a un lado de la cama. Su cuello y pecho, un raro regalo que la providencia había dado para el más perspicaz de los escultores, era parcialmente revelado.
 La joven gimió suavemente mientras dormía, sus labios se movían como en oración, al parecer, formando el nombre del que vino a sufrir por todos nosotros, asomando, por lo menos una vez, débilmente de ellos.
                Ella está realmente cansada y la tormenta no puede despertarla, no consigue perturbar el sueño, no posee el poder para hacerlo. La confusión que la inclemencia genera solo despierta los sentidos, aunque de ninguna manera puede quebrantar el reposo que poseen.  
                ¡Oh!, que mundo de brujería había en esa boca ligeramente separada, la cual exhibía brillantes dientes perlados, resplandeciendo incluso ante la débil luz que proviene del ventanal. Que dulces eran aquellas largas pestañas, que como seda, caían sobre las mejillas.
                Ahora la chica se mueve y uno de sus hombros queda al descubierto por completo, más blanco y hermoso que las sábanas de dormir que están sobre la cama en la que reposa. Es la piel más suave de cualquier criatura, el ciernes de la condición de mujer, el estado que nos revela los encantos de la chica, como una niña de belleza madura y años de entera amabilidad.
                ¿Fue aquello un relámpago? ¡Si, una horrible, vívida, descarga aterradora!, después, un rugido de truenos, como si mil montañas estuvieran rodando una sobre otra en la bóveda azul del cielo ¿Quién duerme ahora en la antigua ciudad?, ni una sola alma viviente. La horrible trompeta de la eternidad no pudo ser más eficaz para despertar a alguien.
 Continúa granizando. Perpetúa el viento. El furor de los elementos está en su apogeo. Finalmente la chica despierta, qué bella mujer hay sobre la antigua cama, los ojos de un azul celeste se abren, y un débil grito de alarma estalla de sus labios. Un alarido que, entre el ruido y la agitación exterior, se escucha desmayado y apagado. Sentándose sobre la cama, refriega sus ojos con las manos.
                ¡Cielos, que salvaje torrente de viento, lluvia y granizo! De la misma manera, los truenos, absortos, intentan crear eco suficiente para que el siguiente destello de relámpago bifurcado dé pie a una nueva conmoción en el aire.
 La joven murmura una oración, un rezo por los que ama. El nombre de sus seres queridos procede de su corazón a los labios. Llora y reza, piensa en la devastación que la tormenta seguramente producirá y le implora al gran dios del cielo por todos los seres vivos.
                Otro relámpago, salvaje y matizado de azul, pasó como una corriente eléctrica a través del ventanal, poniendo, por un instante en evidencia, cada color con horrible particularidad. Un grito estalló de los labios de la joven chica, y con los ojos fijos en el ventanal, en aquel momento, en aquella oscuridad, y con tal expresión en su rostro que nunca se había conocido, tembló, mientras su transpiración, causada por el intenso miedo, permanecía en su frente. 
-¡Qué!, ¡¿Qué fue eso?!-dijo sin aliento-¿fue real, o una ilusión? Oh, Dios, ¿qué fue eso?-una figura alta y descarnada, desde el exterior, procuraba abrir el ventanal-“Yo lo vi, el rayo de luz me lo reveló, se alzaba por toda la longitud de la ventana”.
                Momentáneamente el viento cesó. El granizo finalmente dejaba de caer inclementemente, y, sin embargo, sobre el ventanal, un sonido de traqueteo continuaba escuchándose a lo largo del mismo.
                Aquello no era un sueño, ella está despierta y lo escucha. ¿Qué es entonces, lo que le produce? Otro relámpago incandescente al compás de un grito, revela, efectivamente, que no se trataba de un sueño o ilusión; una figura elongada se encontraba parada sobre el balcón, inmediatamente pegada a la parte externa del gran ventanal.
                Son sus dedos y uñas lo que producen, sobre el cristal, el repiqueteante sonido del granizo, ahora que el mismo se había detenido.
                El intenso miedo paraliza a la hermosa chica. Un grito es lo único que pudo expresar. Mientras sus manos permanecen juntas, su cara se torna como el mármol y su corazón late fuertemente en su pecho. Aquel momento pareció congelarse para dar la impresión de que los confines del tiempo se quebraban y despedazaban incesantemente dentro de sí mismos, deteniendo su propio curso.
 Los ojos dilatados de la chica miran fijamente el ventanal. Espera congelada de horror.
 El golpeteo y estrépito de las uñas continua. No hay palabra que destruya el silencio, y en su magín, la mujer vislumbra el contorno de la figura, más oscuro incluso que lo negrura que le rodea, pegada al ventanal, mientras sus largos brazos se mueven de un lado a otro en un intento por poder entrar.
                ¿Qué luz extraña es la que ahora se proyecta gradualmente por arriba, en el aire, roja y terrible, que fulgura y resplandece a medida que crece?
                Un rayo había impactado en un molino, incendiándolo, consumiéndolo rápidamente mientras el rojizo reflejo del fuego cae de lleno sobre el explayado ventanal. No hay lugar para el error, la figura está ahí, buscando una entrada, mientras el estrépito continúa, producto del rasposo contacto de las alargadas uñas contra el vidrio, las cuales, al parecer, han crecido a lo largo del intocable e incansable paso de los años.
 La joven intenta gritar una vez más, pero una sensación de ahogo se vierte sobre ella impidiéndoselo. Esto es demasiado horrendo; intenta moverse nuevamente, pero sus extremidades parecen estar sometidas bajo pesadas e inmensas cantidades de plomo.
                Finalmente logran emanar unos roncos y débiles gemidos -“¡Ayuda, ayuda, ayuda, ayuda!”-repitiéndolos como lo haría una persona en un sueño.
                El fulgor rojizo del incendio continúa revelando a la siniestra figura descarnada que se alza sobre el ventanal, casi en alto relieve. Deja ver, igualmente, aquel retrato que permanece en la habitación, el cual parece fijar su mirada en el tentativo intruso, mientras la luz parpadeante de las llamaradas le hacen ver horrorosamente vivo.
                Un pequeño panel de cristal se rompe y la silueta, desde el exterior, introduce una mano larga y flaca que está completamente desprovista de carne. La cerradura es finalmente removida y una de las dos puertas del ventanal se abre de par en par, girando sobre sus bisagras. 
                Pese a todo, ella aún no podía gritar, mucho menos moverse-“¡Ayuda, ayuda, ayuda!”-fue todo lo que pudo murmurar. Pero, ¡oh!, esa mirada de horror que se vislumbró en su rostro era nefasta, una expresión para atormentar el recuerdo de una vida, una gesticulación para imponerse sobre los momentos más felices y convertirlos en horrenda amargura.
 La silueta da media vuelta y la luz se despeña sobre un inmaculado rostro blanco carente de sangre. La mirada es penetrante cual estaño pulido; los labios, se dibujan sin mayor importancia, siendo la principal y aterradora característica, después de sus espantosos ojos, los dientes, los cuales se proyectan y miran tan blancos y horripilantes como los colmillos de un animal salvaje.
                Se acerca a la cama, deslizándose imperceptiblemente. El choque de las largas uñas, que dan la impresión de colgar del extremo de los dedos, es continuo.    
                Los labios no dan paso a ningún sonido, ¿se estará volviendo loca, aquella joven y bella mujer, expuesta a tal terror?, como fuere, sus miembros habían flaqueado quedando laxos y distendidos; ni siquiera emitía ya el susurro: “Ayuda”.
                La capacidad del habla se ha ido, en contraparte, la del movimiento retorna a ella, permitiéndole deslizarse lentamente hacia el otro lado de la cama, mientras la espeluznante apariencia se aproxima.
                Los ojos de la jovenzuela son hechizados. La contemplación penetrante de una serpiente no hubiera hecho tal efecto en ella, quien permanecía mirando fijamente aquella horrible mirada de aspecto metálico que se inclinaban sobre su rostro.
 La gigantesca figura se agachó sobre la joven hasta difuminarse y perderse del campo visual. Una horrible, y prominente cara blanca sobresale de aquello que enmarca la silueta.
                ¿Qué es eso?, ¿qué es eso que está ahí?, ¿qué es aquello de apariencia tan aberrante, un ser ajeno a cualquier ente terrestre, pero que sin embargo está en el planeta?
                Finalmente, la doncella llega al borde de la cama y la figura detiene su avance. Al hacerlo, ella sintió que perdía todo ímpetu para continuar.
 Ahora sus manos apretaban con fuerza y de manera inconsciente las vestiduras de la cama. Su respiración se torna corta y pesada, su pecho palpita y sus miembros entran en un estado de incesante temblor. Aun así, no puede retirar la mirada de aquella cara que se ve como el mármol; él la soporta con el brillo de sus ojos.
                La tormenta ha cesado por completo, todo está en calma. El viento finalmente se ha sosegado mientras el reloj de la iglesia proclama la una.
                Un silbido procede de la garganta del repugnante ser mientras levanta sus enjutos y largos brazos. Sus labios se mueven.
                Él avanza. La chica mueve uno de sus pequeños pies, de la cama, al piso. Inconscientemente arrastra parte de las sábanas con ella. La puerta de la habitación está en la dirección en la que pretende encaminarse, ¿podrá llegar a ella, tendrá la fuerza para marchar?, ¿podrá voltear su mirada, rompiendo el hechizo que la somete a la de él? ¡Dios del cielo!, ¿es esto real o un sueño tan vívido que es capaz de anular el raciocinio para siempre?
 La figura se detiene nuevamente, y el cuerpo de la jovenzuela, mitad en la cama, mitad fuera de ella, tiembla por completo. Su larga cabellera fluye a lo largo del lecho. Su lento movimiento deja que las hebras se deslicen por toda la almohada.
 Aquella pausa duró casi un minuto; ¡oh, como si hubiesen pasado siglos de agonía!. Aquel minuto fue, de hecho, suficiente para que la locura cumpliese con su trabajo.
                De manera imprevista e inesperada, un grito extraño y agudo, suficiente para causar miedo en cualquier pecho, surgió de aquel ser, quien tomándola por los largos mechones de su cabello y enroscando su huesuda mano en ellos la contuvo en la cama.
 Finalmente la chica gritó, ¡el celo le había conferido el poder para hacerlo! Grito tras grito se expandió en rápidas sucesiones.
 Las sábanas cayeron amontonadas a un lado de la cama. La joven mujer, sujetada por sus sedosas hebras, era arrastrada de un lado a otro violentamente. Los redondeados y bellos miembros de su cuerpo se estremecieron con la agonía de su alma.
 La vidriosa y aterradora mirada de aquel ser contemplaron la angélica figura con repugnante satisfacción, ¡asquerosa profanación!
                La criatura arrastra la cabeza de la mujer al borde de la cama, la obliga con tosquedad que se incline hacia atrás mientras tira de los cabellos aún enredados entre sus manos.
                Hundiendo sus colmillos en el cuello, se delega a él. A continuación, un borbotón de sangre y un horrendo ruido de succión tienen paso.
 ¡La chica se ha desmayado y el vampiro está inmerso en su espantoso piscolabis!


Detrás de la Historia

                Antes de arrancar con este pequeño apartado que recopila un poco de los orígenes de esta historia y de su autor, comprendamos el lugar y momento histórico en el cual la obra fue concebida. Para eso, hay que transportarnos a la Inglaterra Victoriana del siglo XIX, a un Londres convulsionado y quizá temeroso y confundido ante una nueva era de acero y tuercas que se habría paso de manera despiadada e indiferente a las desgracias generalizada de las masas. En esa borrasca, en esa fusión de progreso y miseria, de opulencia y carencia, y más aún en una sociedad (y un mundo quizá), donde la ciencia aún se fusionaba con lo mágico y lo místico en el magín general de las personas, Varney el Vampiro fue concebido como una figura de horror que supo estar a la altura de su época, y de los monstruos que esta daría.
                James Malcolm Rymer, fue el encargado de sortear tal empresa. Nacido en 1814, en Clerkenwell, Londres, terminó la carrera de Ingeniería Civil. No obstante, no fue esta carrera lo que le hizo pasar dentro de los anales de la historia, sino la creación de novelas narradas, que fueron vendidas por capítulos a un penique, para posteriormente ser recopiladas como obras completas al ser culminadas. 
                Si bien Varney el Vampiro no fue el único de sus bestsellers, sin duda que fue tan importante como quizá “The String of Pearls”, una novela creada junto a Thomas Peckett Prest, (este último, autor principal de la obra) y de exitosa aceptación en la sociedad, y que da origen al despiadado villano Sweeney Tood, el barbero asesino de la calle Fleet.
                Es prudente informar al lector que se piensa que Rymer y Prest escribieron en alternancia los capítulos de Varney, poniendo en tela de juicio la mismísima historia de Varney el Vampiro y su pertenencia a uno de estos autores. Esto si bien no es claro, ha dado numerosos debates en la academia sobre la autoría de esta historia de terror que abrió las puertas al terror gótico que ese siglo tendría para darle a la humanidad.




Blog: https://historiastransdimensionales.blogspot.com/

  La siguiente traducción es propiedad del autor. Queda prohibida su impresión o cualquier forma de lucro económico sin el consentimiento del autor / Registro de la obra en México DF, 2013.  

Comentarios

  1. No se porque lei a otra persona acerca de que esta obra era de baja calidad. Yo no me lo podia creer siendo una novela de hace 170 años. Gracias por la lectura
    Tan mala es la traduccion? Por lo que he entendido las traducciones son resumenes. No hay entonces una traduccion completa de la obra?

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